1) Orígenes.
El español es una lengua cuyos orígenes son bien conocidos y fundamentados. De todos es sabido que el español es una lengua romance, que se derivó del latín vulgar hablado en la península ibérica durante el Imperio Romano. Como detalle cultural, las otras lenguas romances son el italiano, el portugués, el francés, el catalán, el gallego, el provenzal (hablando en Francia) y el rumano. El latín, a su vez, deriva de otras lenguas que en última instancia pueden agruparse en un gran grupo denominado familia de lenguas indoeuropeas. No siendo lingüista, es quizá improbable pensar que lenguajes tan diferentes como el sueco y el griego, por decir, tuvieran alguna relación, pero se sabe que casi todas las lenguas habladas actualmente en Europa pertenecen a este grupo indoeuropeo, con algunas excepciones de las cuales las más significativas son el vasco, el húngaro, el finés y el turco. Así pues, la genealogía del español existe y es aceptada en todo el mundo.
El japonés por su parte, es todavía una lengua huérfana. No hay un acuerdo respecto a sus orígenes. Parece ser que el japonés antiguo es el resultado de al menos 2 lenguas pertenecientes a grupos lingüisticos diferentes: Una lengua austropolinésica (emparentada con las lenguas habladas en las islas del sudeste asiático y Oceanía) y una lengua altaica (emparentada, quizá, con el coreano, otra lengua huérfana). Al parecer la fusión de estas dos corrientes se dio a la par de la fusión de dos grupos de migrantes, del norte y del sur, que colonizaron el archipiélago japonés en épocas prehistóricas.